
A partir de septiembre, la gama Mini sustituirá los motores diésel, del grupo PSA, que monta en la actualidad, por otros de origen BMW. Dicha sustitución, no es por ningún problema en su funcionamiento, ni de fiabilidad mecánica. Más bien se trata de una cuestión de imagen, pues la marca germana (que es quien los fabrica), ha decidido incorporar la última tecnología en su nueva gama, que, entre otras mejoras, incluirá un reestyling para todos sus modelos y la aparición del transgresor Countryman.
Estos nuevos propulsores (dos 1.6 de 90 y 112 CV, respectivamente), no mejoran espectacularmente a los anteriores, pues las diferencias en cuanto a potencia, consumo y rendimiento, son muy sutiles. Serán algo más silenciosos que sus antecesores, y su rendimiento será ligeramente mayor (sobre todo en el más potente). El de 90 Caballos (One D), acelera de 0 a 100 en una décima menos de tiempo (11,4 segundos), y reduce su consumo en la misma proporción, quedándose en 3,8 litros a los 100 kilómetros. El Cooper D, ve aumentada su potencia en 2 CV, pasando de 110 a 112 Caballos; su aceleración mejora dos décimas, empleando, ahora, 9,7 segundos en llegar a los 100 Km/h y mantiene el mismo consumo de carburante que su hermano pequeño (3,8 litros); pero, donde de verdad se nota la diferencia, es en la cifra de par, que ha subido 30 Nm, ofreciendo ahora 270 Nm a 1.750 revoluciones.
A pesar de las similitudes con respecto a sus antecesores, de PSA, el bloque motor sí que es totalmente nuevo. Está construido en aluminio, va montado transversalmente, lleva turbo de geometría variable, common rail y cubica 38 cc más. Su funcionamiento será más agradable y la entrega de potencia estará mejor escalonada. Ambos propulsores irán asociados a una caja de cambios manual de 6 velocidades e incorporarán el sistema Start&Stop.
Fuente: Autocity